domingo, 15 de noviembre de 2015

Un libro que me hizo llorar

Durante el último verano visité Tacna y allá busqué libros de mi amigo, el periodista peruano Hugo Coya, con quien había compartido como corresponsal en Río de Janeiro, él en UPI en esa época (años 80) y yo en IPS. No compré porque el par de títulos que hallé estaban pirateados, según el mismo vendedor reconoció hidalgamente.
Hace poco terminé de leer “Estación final”, primera obra publicada por Hugo y que cuenta la historia de peruanos que sufrieron el Holocausto. Es algo que desconocía hasta que leí reseñas de esta publicación.
Éste no es un libro nuevo ya que su primera edición es de la Editorial Aguilar en 2010 y luego se han hecho varias reimpresiones, dado el éxito en ventas.
Hugo llevó a cabo durante cinco años una extensa y rigurosa investigación. Se nota el oficio pero también se revela el amor por su país y por sus compatriotas, quienes a miles de kilómetros de distancia y hace varias décadas, sufrieron en carne propia la bestialidad del nazismo.
Coya investigó sobre diversas familias de distintas procedencias que emigraron a Perú y luego se trasladaron a Europa. Algunos miembros de esas familias nacieron en Perú y por diversas razones vivían en el viejo continente cuando se desató el conflicto bélico.
Según se puede leer en el prólogo de Gustavo Gorriti, esta tarea de investigación “lo llevó por varios continentes, en un admirable esfuerzo de reconstrucción de las huellas borradas en tantos caminos…”. Agrega Gorriti que “El libro de Coya representa el mejor resultado de la destreza en la investigación y la calidad en la expresión. Pero quizás su mayor significado sea el moral…”
Nacidos en Perú o con pasajes de sus vidas en el país vecino, estas personas -todas con algún lazo parental judío- fueron detenidos durante la segunda guerra, torturados, trasladados en condiciones inhumanas, internados en campos de concentración o de exterminio y murieron a manos de los nazis.
No habían cometido crimen alguno, ni siquiera habían participado de la resistencia al nazismo - salvo el caso de Magdalena Truel -, pero por ser judíos fueron víctimas de la gran empresa de exterminio de ese pueblo, obra suprema de Adolf Hitler y sus millones de seguidores.
Lo sorprendente de “Estación final” es que varios de estos peruanos en sus particulares condiciones de vida y encierro pudieron actuar contra sus carceleros y contra el sistema. En notables y heroicas acciones, ellos contribuyeron a salvar centenares de vidas de otras víctimas del holocausto.
Aunque esta historia particular parece lejana, en época y lugares, Hugo sostiene que éstos quizás “sean más próximos de lo que suponemos, pues actualmente enfrentamos los problemas que se entretejen entre la inmigración, el racismo, la xenofobia y principalmente, la violencia”.
Leer los padecimientos de estas familias (Assa, Levy, Barouh, Lindow) y de otras personas como Egon Mindel y Magdalena Truel Larrabure, no puede sino emocionarnos y hacernos llorar de impotencia.
Si hay alguna tranquilidad que nos permite esta lectura es saber que -por diversas experiencias vividas- hoy somos menos intolerantes, más solidarios y más partidarios de la no violencia.
Este notable libro de Hugo -que se puede adquirir como libro electrónico en  http://www.casadellibro.com/ebook-estacion-final-ebook/9789972848681/2090257  ha llamado la atención de una productora en Hollywood, vinculada a Warner Bross, que pretende realizar en 2016 una versión cinematográfica de una de estas historias. Así se puede leer enhttp://cosas.pe/cosas/personajes/3451-hugo-coya-su-libro-estacion-final-sera-llevado-al-cine .

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