sábado, 7 de noviembre de 2015

Los huevos fritos de pingüino tienen gusto a pescado

A fines de los años 50 me inicié en la lectura y aprendí a leer, como millones de niños, en el “Silabario Hispanoamericano” escrito por el “gran pedagogo chileno” Adrián Dufflocq Galdames, según el decir de la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou.

 Para la contemporánea y amiga de Gabriela Mistral, ese libro era “lujo de los ojos, gracia para el entendimiento del niño”. 
 Y agregaba en una de sus páginas: “¡Ah!, ¡cuánto tienen que agradecerle madres y maestras a ese hermoso talento creador, a ese puro corazón intuitivo que ha hecho para los niños de las Américas este libro perfecto!”.
 Gracias a Internet recorro ahora, casi medio siglo después, esas páginas iniciales y me encuentro con la famosa lección de las vocales y me deleito sin pudor con las ilustraciones del gran Coré: Mario Silva Ossa. Entre los amantes del diseño y de las artes visuales, la portada del Silabario se convirtió en un verdadero objeto de culto.
 El ojo del búho me sigue mirando como si no se olvidase de las maldades de antaño.  El gorila enjaulado me da pena, no porque recuerde los apodos de la infancia, sino porque el herbívoro luce triste detrás de los hierros.
 Y en la página 34 de la décima edición (1955) encuentro un nombre que me lleva a la matriz.  Olga, feliz coincidencia.  Mi madre y mi primera maestra.  Con ellas, con amor y dedicación, aprendí este oficio de lector.  Una nieta hace poco dijo que cuando grande quería ser “escritora y lectora”. ¿Qué mejores expectativas?  Futuro asegurado.
Me llaman la atención dos datos del libro. Uno es que este libro fue aprobado y declarado de utilidad por el Gobierno de España por decreto emitido el 13 de diciembre de 1948. Lo otro, descubrí una afirmación que no discuto ni pretendo comprobar, porque me parece de toda lógica: “Los huevos fritos de pingüino tienen gusto a pescado”.
 Al final del Silabario reencontré algunos cuentos para principiantes de la lectura.  Allí hay varias lecciones, simples y profundas. Usted podrá encontrar en esas páginas a los niños que buscan pan cavando un hoyo en la tierra, al ignorante lobo pastor o al niño codicioso que quería todas las bolitas sólo para él. 
 Por la eficiencia del método (fónico-sensorial-objetivo-sintético) y por la belleza de sus ilustraciones -se sabe-, este Silabario fue un éxito editorial, reproducido para toda Latinoamérica, con decenas de ediciones.
 Es necesario decir, en todo caso, que Dufflocq no fue pionero en esta senda.  Mucho antes que él, en 1884 se había publicado en la ciudad alemana de Leipzig, el “Silabario del Ojo”, cuyo autor fue el chileno Claudio Matte. Diez años después, ese manual fue declarado Texto Oficial de enseñanza primaria en Chile. A fines del siglo XIX ya se había expandido a Latinoamérica.
Fuente: https://diarioeldia.cl/blog/huevos-fritos-pingueino-tienen-gusto-pescado-0 

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