domingo, 25 de octubre de 2015

Un tiempo que no debe parar (c)


Cuento extraido del libro "La historia de don Crispín, doña Anita y el guaripola y otros cuentos" (Editorial ULS, 2009) 

 Posteo 1:

03.35 am. La luz verde del reloj digital me ilumina en plena madrugada.  Desperté levemente sorprendido por la fija vista de esos cuatro números – situados a medio metro de mi rostro –, y durante algunos segundos permanecí en posición horizontal, inmóvil.  Parecía una mirada sostenida con tal fuerza que había conseguido despertarme. 

Miré luego alrededor del reloj, la base blanca de la lámpara y más allá, el tenue haz de claridad que entraba por la puerta semiabierta de mi dormitorio.  Paseé lentamente mi vista por las sombras de mi solitario cuarto de dormir. El silencio total me ayudó a concentrarme nuevamente en los números verdes.  Y entonces sentí que el tiempo no transcurría.  El reloj seguía marcando las 03.35 y me parecía que habían pasado más de 60 segundos desde que despertara.

Pronuncié la palabra “flame” para encender la lámpara y me senté.  El fluido eléctrico era normal y el suave resplandor de la ampolleta aumentó gradualmente hasta la intensidad de “despertar”.  Consulté mi reloj de mano, esperando que me mostrase la hora real, pero también estaba pegado en las 3.35.  Me levanté y fui hasta la sala para ver el reloj de muro, un antiguo ejemplar tipo “cucú” del año 1950, heredado de mis bisabuelos, y no hice más que confirmar mi temor: el tiempo estaba detenido.

Posteo 2:
03.35 am de la otra era:
Mi tiempo:

La soledad en que vivo desde hace una década me pesa por primera vez.  Siento deseos de tener a alguien a mi lado para preguntar lo obvio: ¿Qué pasa?  Pero, como antiguo solitario moderno, acostumbrado a la compañía virtual, enciendo la radio del mismo reloj que me despertó sin la cotidiana alarma.

Toca la suave melodía de un tema romántico, instrumental como toda la música  que se transmite  por vía  electrónica desde 2022, luego que  el gobierno de  entonces prohibiera todos los cantos en medios masivos y sólo sea posible oír a los cantantes en vivo.  El tema musical termina y entonces oigo la voz de un locutor que a pesar de estar grabada parece muy fresca y animada.  Él anuncia, sin titubeos: son las 3 horas y 35 minutos de este miércoles 15 de abril.  Buenos días.

Posteo 3:
Mi tiempo real:

Visto una bata para sentarme frente al “multi” de mi dormitorio.  Con la red abierta, mediante mi voz ya que también está prohibido escribir y toda comunicación debe ser oral y directa, consulto YYYReloj del Mundo.ti -un espacio que según mi abuelo se parece a la Radio Cronos que funcionara hasta los años 60 del siglo pasado-.  Todos los relojes del planeta me dan la misma quieta hora.

En menos que canta un gallo (antes la gente se despertaba con el ruido de algunas aves), envío un nuevo mensaje universal: “El tiempo no para”.  Lo reviso en la red y cuando pensaba en ir a la cama para seguir durmiendo siento el grillo de un fono.  Es un policía del tiempo que me conmina a eliminar la página recién elaborada.

-         “Su título, dijo, es un atentado al nuevo orden.  El tiempo ha sido establecido como algo fijo y quien se oponga a ello sufrirá las consecuencias.  Sus palabras son una amenaza a nuestra paz mundial.  Obedezca, no tiene alternativa”, sentenció.
La guerra entre el tiempo y el espacio había sido declarada.  Sin yo darme cuenta era el precursor de una resistencia universal.

Posteo 4:
Mi tiempo real:

Recurro a mi memoria, entrenada durante mi infancia en las escuelas post-modernas, y sin una razón aparente, rezo dos Padre Nuestro y un Ave María, aprendidos  hace   más  de  20  años.    Nunca  los   había   vuelto  a  decir.   Me   paro nuevamente frente al multi para abrir mi página del tiempo y oigo lo que en un instante de sana inspiración había enviado:

“No nací del vientre de un reloj sino del espacio materno.  No anduve mi infancia contando horas o días sino jugando en el patio del colegio.  La primera vez que hice el amor, no vi la fecha en el calendario sino que buscamos un territorio de pasto tierno y libre de ruidos.  Cuando decidí ser profesor de biología no me puse metas en términos de años sino tener el conocimiento y la fe suficiente para transmitir a mis semejantes, aún sabiendo que nadie es igual a mí.

No hay vida sin espacio, ni la vida artificial siquiera; ni para los clones ni los seres extraterrestres.  Todos necesitamos un suelo para caminar, un parque para enamorar, un mar para surfear, un muro o la palma de la mano para instalar un comunicador, una sala para el crematorio y un paisaje lunar o terrestre para esparcir las cenizas.

El tiempo no ha parado porque desde que inicié este mensaje para todos ustedes, amigos y enemigos, han transcurrido nada menos que 171 palabras, pero si prefieren medir en segundos, caros amigos, es su opción.  Los amo.  Hasta siempre.”

Al final de mi audición me di cuenta de que mi ventana había sido abierta en esos momentos por decenas de personas, varias de los cuales dejaron mensajes de apoyo al nuevo espacio creado en la red. Siento una mezcla de orgullo y temor. Salgo.

Posteo 5:
Mi tiempo real:

Vuelvo a conectarme para oír todos los mensajes, y vuelvo a hablar.  Ahora me declaro Guerrillero del Espacio:

“Para que el espacio no pierda sentido hace falta el tiempo, podemos medirlo en soles y luna, en latidos del corazón, en  estaciones climáticas,  erecciones fálicas o en nacimientos de bebé,  en cualquier otra unidad,  pero el tiempo no puede parar.

Proclamo el predominio del espacio, pero doy a la variable temporal un valor fundamental.  Sin espacio no existiríamos: Algunos desconocidos pretenden paralizar el tiempo deteniendo los relojes pero eso no nos impide la vida, no nos prohíbe gozar o sufrir cada uno de sus momentos.  Seguiremos sintiendo sueño regularmente cada noche y despertaremos al día siguiente, por los deseos de orinar, por el hambre o por la luz de la mañana.  El tiempo existe, cómo lo midamos es  relativo, propio de cada universo.

Así como nos prohibieron la escritura hace varios años hoy quieren detener el tiempo para dominarnos.  Para que nos sintamos vacíos, perdidos, desorientados sin saber a qué hora dar alimento al hijo, cuándo ingerir un medicamento, o por cuanto tiempo podemos descansar.

Pretenden mostrarnos que el tiempo es lo fundamental para administrar nuestras vidas controlándolo a través una operadora que pomposamente han llamado Central Galáctica del Tiempo - CGT.  Por fonos, fax, beeper, computadores y otras telebocinas, nos dirán a cada uno y a cada familia lo que debemos hacer y cuándo exactamente.  Pretenden el reinado del ruido sobre el silencio, la tiranía de la bulla electrónica.

Si nos corresponde ir a bañarnos, nos dirán, por ejemplo: Señora Maldonado, es hora de su ducha.  Use champú Pamela. Buenos días.  Para el desayuno recomendarán marcas de leche, de café, de pan y mantequilla.  Y así para todas nuestras acciones, durante el resto de nuestras vidas.  Será la más poderosa máquina de publicidad jamás imaginada.  El servicio regulador del tiempo, ciertamente, será absolutamente gratis, gracias al gentil auspicio de alguna de las veinte marcas que dominaban el planeta.

No buscaremos librar los combates en el plano de la ciberpublicidad sino en el terreno  de  la verdad, en el campo minado o no de la filosofía, en las tierras soleadas de ambos hemisferios, en las reservas polares, en los mares superficiales y profundos, en las cumbres montañosas, en las cavernas que habitaron antes, sin saber del tiempo, los humanos de las edades de piedra.  Fíjense bien, lo determinante no es la palabra edad sino el concepto piedra, o luego bronce o chip.  Los años luz no miden tiempo, miden espacio intergaláctico, señores.  En fin, amigos, si hablo o como antes hubiera escrito, no me distancio o acerco de ustedes por segundos o minutos ni nada temporal; me acerco virtual, me aproximo afectivo, me hermano humano, me hago carne en la carne de ustedes y mi corazón late en sus venas, y si alguno se deja llevar sinceramente por mis palabras llorará espacial en sus mejillas.  Como yo dejo ir mis lágrimas hacia la incipiente barba que cubre la mandíbula.

No se dejen amedrentar, sigan viviendo el tiempo de amor que nos ha tocado, y pongan los pies sobre la tierra, aunque sea en el trigésimo piso del edificio en que viven.  El tiempo que pretenden detener bate en mi corazón ahora.  Los agresivos segundos de cada día los acumulo tiernos a cada noche.  Y los instantes de gloria están registrados en el álbum familiar. Y las horas del desgano las echaré conmigo algún día en mi tumba. Todo el tiempo del mundo cabe en una mano amiga y si se abre, la palma me indicará otro camino. Todo el tiempo cabe en la comisura de sus labios y si abren en el beso o en el bostezo, llego directo al infinito. Horas, segundos, fracciones del tiempo Nada son sin la sonrisa de un niño, sin la nostalgia de un viejo, sin la soberbia de los quinceañeros, sin la condenada culpa de los sentenciados Nada somos sin el alma y el alma nada tiene que ver con el corazón. Si  sístoles y  diástoles marcan mi fin, no importa.  El alma nada tiene que ver con el corazón”.

Posteo final:
Otro tiempo real:

            Vino alguien que dijo ser un pariente lejano. Estoy en un lugar de salud. No sé mucho más que eso. Me dicen que mi convalecencia puede ser larga, pero no debo preocuparme, no soy el primero ni seré el último en padecer “internitis”. “Es un chiste”, me explicó el visitante. Los médicos hablan su propio idioma pero para la gente común y corriente lo que te pasó es que te enviciaste con la comunicación virtual.  Puedes estar tranquilo, aseguró, te voy a venir a ver todas las semanas, hasta que te mejores.  Eso ocurrió hace un año…

            Un año. Sí. El tiempo volvió a moverse, hay nuevos relojes en mis muros, nuevos calendarios.  Esto que yo escribo (ya no lo prohíben) llegará  a manos de algún lector que no conozco.  Por favor, señor o señora, envíelo a algún escritor, sólo ellos podrán entenderme, sólo ellos pueden salvar la humanidad. Sólo ellos pueden hacer que el tiempo siga su curso hasta el final de nuestros días en este otro tiempo real.



FIN
Copyright de Gabriel Canihuante.

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